El Callejón del sexo que se tiñó de sangre en 2012

04 de enero de 2013

El vigilante informal Baudilio Flórez Cuevas, de 43 años, fue asesinado en la mitad del separador de la avenida 7 con calle 1 del barrio El Callejón, frente de la Terminal de Transportes de Cúcuta.
“Siga”, dice una joven. Está parada a la entrada de un establecimiento comercial cercano a la Terminal de Transporte. “Hay pollo asado”, agrega. La invitación de la flaca y trigueña es apenas justa a las 7 de la noche.

Su labor de cazar comensales durante cinco minutos es infructuosa. Su voz medio chillona y su mensaje un poco imperativo no jalonan tanto cliente como los negocios de una cuadra más abajo, en la avenida 7 con calle segunda.

Ocho hombres ingresan, casi que coordinadamente, a dos sitios. Desde la venta de comida no se percibe con certeza que nombre tienen esos lugares. La oscuridad dificulta aún más la identificación, en esta zona de la ciudad donde fueron asesinadas en 2012 unas 15 personas.

Los hechos de sangre parecen no generar temores ni levantar ampollas. Decenas de personas deambulan de un lado a otro. Van en todas las direcciones.

Sin embargo, la mujer que ofrece pollos no les quita la mirada a los ocho hombres. “Por algo bueno entrarán ahí”, afirma la cucuteña con un tono sarcástico.

Su sospecha cobra vida. Se metieron a dos lugares con avisos publicitarios en los que se exhiben mujeres semidesnudas, se auguran espectáculos y existe una variada carta de bebidas alcohólicas.

En el barrio El Callejón hay un número considerable de bares, prostíbulos, hoteles y residencias. El menú de sexo fortuito es amplio. También las ventas de ropa, ferreterías, bodegas, supermercados, tiendas y talleres de mecánica.

“El 70% está lleno de comercio”, explica un vocero de la comunidad pidiendo mantener su nombre en anonimato. “Pero lo más incómodo es el ruido desbordante de algunos negocios. Sí queremos comercio, pero no bares. Deseamos que el barrio tenga más categoría”.

Su inconformismo también resume el de un gran número de vecinos, quienes consideran que los asesinatos registrados están ligados a las mujeres que trabajan alquilando sus cuerpos.

“La mayoría de delincuentes tienen sus amantes por estos lados. En medio de nosotros no viven. Vienen de otros lugares. Acampan y se van”, añade el vocero.

El hombre dice que, incluso, los puntos de distribución de drogas, u ‘ollas’, desaparecieron y que los consumidores tampoco son del sector.

“Los viciosos compran y se van. Existe un mínimo tráfico de estupefacientes, porque no puedo asegurar que se haya acabado”, explica. “Los atracos ya no son tan frecuentes. De la comuna uno, El Callejón es el barrio que más patrulla la Policía”.

Los homicidios, además, son atribuidos en su mayoría a integrantes de bandas criminales, como Rastrojos y Urabeños.

“Sabemos que, al igual que en muchos sectores de Cúcuta, hay presencia de esa gente”, dice de forma despectiva otro habitante bajo anonimato para guardar su seguridad. “Uno no puede ponerse a hablar muy duro”.

Las muertes

El coronel Javier Francisco Mora Jiménez, comandante Operativo de la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc), dio a conocer el reporte institucional de las razones que originaron 11 muertes en El Callejón.

“Cinco fueron por problemas personales”, dijo el oficial. “Seis tuvieron que ver con retaliaciones” de integrantes de bandas criminales. (Ver recuadro).

El archivo periodístico de La Opinión da cuenta, además, de otros tres móviles revelados por las autoridades judiciales durante el año pasado.  

Una muerte por sobredosis de estupefacientes, otras dos tienen que ver con hurtos y una más, ligada al microtráfico de drogas.

Las bandas criminalesgrafic1.jpg

En el barrio El Callejón, al noroccidente de la ciudad, viven al menos unas 1.200 personas, algunas de las cuales consideran que las bandas criminales han puestos sus ojos, principalmente, en los bares.

“Estos son sus sitios de encuentro y, cuando muchos de ellos tienen problemas personales y enemigos, terminan asesinados en medio de sus rumbas nocturnas”, dice una líder comunitaria de 62 años, solicitando mantener su nombre en reserva para evitar caer en manos de los violentos.

La vocera, quien asegura haber cumplido más de 40 en el sector, no descarta que varios negocios sean administrados por personas vinculadas a organizaciones criminales.

“Los bares constantemente cambian de administradores. Eso se sabe, incluso, por las modificaciones en la vestimenta de las trabajadoras de esos lugares, las clases de licores que se venden, la silletería y los arreglos locativos”, agrega. “Cabe  aclarar que no todos los establecimientos tienen una administración de dudosa procedencia. Algunos solo son víctimas de extorsiones”.

El coronel Mora Jiménez asegura que la Policía tiene conocimiento de este tipo señalamientos y que, además, varias hipótesis apuntan en ese sentido.

“Los homicidios registrados nos han llevado a investigar la relación de los establecimientos públicos con las bandas criminales, pero hasta ahora son solo hipótesis”, sostiene.

Un vendedor de CD con música ‘pirata’ coincide con las afirmaciones de la comunidad y las autoridades, pero prefiere cambiar rápidamente la conversación.

Ventila otro apunte. “Ahí es barato. Hay habitaciones para pasar la noche o, por lo menos, un rato”, dice, señalando con su índice derecho una puerta angosta, empotrada en una fachada blanca.

Le sube volumen a una canción, la cual amplifica con un cajón forrado en lona negra y gris. Este parlante ambulante lo empuja sobre cuatro ruedas.

Se despide y arranca nuevamente a trabajar. Se pierde entre los transeúntes que a las 10 de la noche aún frecuentan los alrededores de la central de transporte y cualquier negocio.

Entre los caminantes una que otra persona luce mal vestida. Sin zapatos. Se acerca un habitante de la calle. No logra sostener su cuerpo quieto. Tambalea de un lado a otro a un costado de la avenida séptima.

Trae un pote en su mano. Sus gestos llaman la atención. Habla solo. Se ríe de algún buen chiste. En una extraña maniobra tropieza con un andén y cae sobre el pavimento lleno de huecos.

Lucha, pero se levanta. Y, como si fuera poco, uno que otro olor pestilente acompaña su caminata hacia la avenida sexta con calle primera. Recorre, diariamente, una especie de ‘callejón’ sin salida en el que se mezclan -entre otras opciones- las comidas rápidas, el sexo, el alcohol y la sangre.

Balance operativo

La Policía Metropolitana de Cúcuta reportó el siguiente balance operativo en el barrio El Callejón:

- 220 personas fueron capturadas por la comisión de diferentes delitos. De estas, 173 cayeron en flagrancia y 47 por orden judicial.

- 22 armas de fuego se lograron decomisar.

- 2 kilos de sustancias estupefacientes quedaron incautados.

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