Hablemos de vivienda en serio

Pedro Durán | 19 de septembre de 2012

Me entristece pensar que haya cada vez menos personas concibiendo grandes ideas para el desarrollo de Cúcuta y en cambio sean cada vez más las que cabildean pequeños proyectos  donde la utilidad pública es apenas la máscara de sus propios intereses. Fiel reflejo de esa situación es que ahora llamemos “megaproyecto” a un simple puente, de los que quizá no se hubieran construido sin recurrir a viejos diseños dejados por una alcaldía ya remota, cuando la ciudad todavía se permitía pensar seriamente en el desarrollo de su infraestructura.

Como hay varios frentes de defensa judicial que comprometen la atención del alcalde en asuntos ajenos a la buena gestión de la ciudad, seguramente tendrá poca capacidad y poca calma para pensar en las grandes cosas prometidas durante su campaña. Intentaré remediar en parte esa dificultad, permitiéndome recomendarle un viejo proyecto para desempolvar. Hernando Ruan lo dejó bosquejado, y cae de maravilla ahora que la ciudad sufre un terrible déficit de vivienda popular y de suelo urbanizable para dedicarlo a ese cometido social, clave para el desarrollo de la ciudad y la materialización del punto principal del programa de gobierno preferido en 2011 por los desprevenidos electores cucuteños.

Según los consultores de la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial llevada a cabo en 2011, la ciudad tiene un déficit de vivienda cercano a treinta mil unidades, sin contabilizar otras treinta mil que por estar en zonas de alto riesgo geológico también deben sumarse al déficit. Pese al interés y a la buena voluntad que la administración municipal y varios empresarios han comprometido en la construcción de Vivienda de Interés Social y Prioritario, salvedad hecha de la presunta extorsión mediante la cual la solución del problema trajo dividendos no solo a los más pobres sino también a los más corruptos, la mitigación del problema está muy pero muy lejos, y quienes lleguen a ser sus beneficiarios, tendrán que vivir en los confines de la ciudad, al borde del perímetro urbano, tierras cuyo desarrollo en algunos casos fue groseramente concebido para los más pobres.

Desde hace muchos años el exgobernador Hernando Ruan Guerrero propuso trasladar el Aeropuerto Camilo Daza al norte de la ciudad, a un costado de la vía a Puerto Santander. En este momento esa idea cobra una urgencia que el alcalde debe entender, por distraído que se encuentre. Estamos hablando de doscientas sesenta hectáreas de tierras circundadas por otras ya urbanizadas informalmente. El desarrollo de planes de vivienda en los terrenos que actualmente ocupa el aeropuerto, y en donde mal contadas cabrían al menos quince mil casas de interés prioritario, supondría también mejoras de la infraestructura vial y sanitaria para todos los barrios adyacentes, que constituyen una de las aglomeraciones urbanas más grandes de Cúcuta.

La solución del déficit de vivienda y el desarrollo de la ciudad en la próxima década implican de manera necesaria el traslado del aeropuerto, y la urbanización de su actual terreno. Un alcalde empeñado en grandes proyectos y rodeado de un equipo de funcionarios competentes, debería estar desde enero estudiando esta posibilidad y adelantando con la Aeronaútica Civil y la firma concesionaria del Aeropuerto Camilo Daza las conversaciones que el caso amerita. Lo demás son pañitos de agua tibia y oportunidades de negocios mezquinos en nombre de los más pobres, para beneficio de los más corruptos.

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