Lotería de Cúcuta, el primer sorteo

Gerardo Raynaud D. | 09 de septembre de 2012

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Durante el tiempo que la Lotería de Cúcuta se mantuvo vigente en la memoria de la gente, siempre estuvo entre las más demandadas y su proyección a nivel nacional se catalogaba como una de las de mejor posicionamiento hasta cuando le llegó la hora de la debacle, en parte, por las decisiones gubernamentales de modificar el sistema de sorteos y por otro, la introducción de nuevas tecnologías que las administraciones fueron incapaces de sortear y de adaptarse para combatirlas.

La lotería de Cúcuta, aunque no fue la primera en su género, si logró inculcar la confianza entre sus seguidores y compradores, por razones que no son fácilmente atribuibles a factores tangibles sino que producían entre los jugadores una especie de pasión incontrolable que concluía en la compra del billete o de su “pedacito”, que era como llamaban cariñosamente la fracción.  A comienzos de 1944, se produjo la primera aproximación entre los funcionarios de la administración departamental para estudiar la fórmula que le diera un respiro a sus empobrecidas arcas, con miras a solventar la situación de la salud pública que golpeaba con inclemencia los hospitales, que con grandes dificultades, lograban sostenerse y prestar los servicios tan necesitados de la población local y regional. Luego de varias reuniones y analizando las estrategias que empleaban en otras regiones, se tomó la decisión de lanzar una lotería, como las que se tenían en las ciudades más grandes como Bogotá, Medellín o Cali. Después de comparar l
os sistemas de juegos y de acomodarse a las reglas y normas establecidas por el Gobierno Nacional para esta clase de actividades y ajustándose al presupuesto que se había determinado se procedió a establecer un plan de acción para el lanzamiento, con ‘todas las de la ley’ de la Lotería de Cúcuta. Definido, en primer lugar, el plan de sorteo y las fechas de éste, así como el día de la semana que tendría lugar, se dio inicio a la campaña de expectativa. Recordemos las limitaciones de difusión que se tenía entonces, de manera que los medios utilizados se ajustaron estrictamente a los disponibles y estos fueron, la radio, la prensa y los afiches murales. La campaña se realizó a nivel nacional, pues a este nivel era la dimensión y la cobertura que iría a tener la Lotería y por ello, no se escatimaron esfuerzos ni recursos para lograr el cometido, el cual se cumplió exitosamente a juzgar por los resultados logrados, a partir del primer sorteo. La campaña de expectativa, parece que funcionó acertadamente, a partir d
e los avisos que se publicaron y que se muestran a continuación. Fue nombrado como primer gerente el doctor Luis Alberto Marciales, un acreditado profesional cucuteño de gran valía y reconocimiento, notable por sus valores morales y su aquilatada honestidad. Como sede de la naciente institución se optó por designar la casa ubicada en la calle once número 4-49, lugar donde posteriormente operó la Caja de Previsión Departamental y finalmente demolida, hace unos pocos años, para dar paso a una nueva construcción en la que hoy funciona un hotel.

El plan de premios estuvo equilibrado en relación con las otras de su mismo nivel, de la época, como las loterías de Santander y de Nariño, que fueron las que le sirvieron de ejemplo. El presupuesto integral semanal de la lotería era de $10.000 repartidos así: Un premio Mayor de $6.500; cuatro premios secos de $200, $100 y dos de $50.Dos premios para el número anterior y el posterior al mayor, que ganaban cada uno $20, es decir, diez veces el valor del billete. También se pagaban 16 premios de $5 cada uno a los ocho números, anteriores y posteriores de los inmediatos anteriores y posteriores al mayor. Los terminales pagaban $3.50 a la última cifra, $5 las dos últimas y $15 las tres últimas. El precio del billete de diez fracciones era de $2 y cada fracción 20 centavos en el departamento y $2.50 en el resto del país y la fracción,  25 centavos.

Desde el primer sorteo, la Lotería de Cúcuta, tuvo gran aceptación por parte del público no sólo de la ciudad y el departamento, sino en todo el país. El primer sorteo se realizó el día 28 de marzo de 1944 a las seis y media de la tarde, en la glorieta del Parque Santander, con la asistencia de todas las autoridades civiles departamentales y municipales. El padre Daniel Jordán, estuvo presente en el acto, aunque no hubo ninguna ceremonia litúrgica especial, pues al parecer, no fue de su entero agrado y a pesar de su reticencia terminó aceptándola, más por los fines que perseguía que por la expresión misma de su existencia. El sorteo utilizaba las ‘ruedas fiché’, tan conocidas como vilipendiadas, por las posibilidades de fraude, que se presentaron en algunas ocasiones, no sólo en Cúcuta sino en casi todas las ciudades donde se utilizaban en sus respectivas loterías. La junta que administraba la institución, estableció que los sorteos se jugarían los días martes a la hora fijada en el primero de ellos, las 6:30
p.m. para que los distribuidores pudieran conocer los resultados con la debida antelación. La transmisión de los sorteos se hizo desde un principio, a través de la radio y luego, en cadena para todo el país mediante el sistema de transmisión, vía microondas. A finales del siglo pasado, en una decisión extraña, se cambió la fecha del sorteo para los días miércoles y luego, con la introducción de nuevas metodologías de juegos de azar y el cambio de normatividad, la Lotería de Cúcuta, fue apagándose como una vela que llega a su final después de haber cumplido su cometido. Para culminar con esta crónica, les relataré que los resultados del primer sorteo fueron los siguientes, el premio mayor fue vendido en la ciudad de Cartagena y el número favorecido fue al 3444. En esa misma ciudad se vendió también el cuarto premio seco.

El primer seco, para fortuna de los locales, fue vendido en la ciudad, pero los dos siguientes cayeron en Bogotá y Girardot respectivamente. Dichos premios era pagados, en la ciudad, en el expendio principal de la calle 11, sede de la Lotería, como se mencionó arriba.

A partir de ese momento, comenzó un vertiginoso ascenso que llevó a la institución a superar sus pronósticos, logrando expandir sus actividades a diversos sectores, en especial, al complemento recreacional y por esta razón, comenzó a diversificar sus recursos, construyendo los teatros de las principales ciudades del departamento, actividad que cumplió su ciclo hasta que nuevamente, las modernas tecnologías y la visión miope de la administración, hicieron mella en la organización, hasta reducir a cenizas todo aquello que a mediados del siglo 20 constituyó la esperanza del sector de la Salud Pública y que hoy entonamos un réquiem por lo que queda de ella.

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