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2021: prudencia, paciencia, cordura y justicia
Cada inicio de año alberga esperanzas sobre lo realizable, y a la vez plausible en cada proyecto individual y colectivo.
Miércoles, 6 de Enero de 2021

“No hay sabiduría sin prudencia; no hay filosofía sin cordura. Existe en el fondo de nuestra alma una luz divina que nos conduce con indudable acierto si no nos obstinamos en apagarla”. Jaime Balmes

Cada inicio de año alberga esperanzas sobre lo realizable, y a la vez plausible en cada proyecto individual y colectivo, por razones prácticas o hasta morales. Pero este 2021 necesita más que una apetencia pirética y ansiosa que regocije las almas sedientas de protección contra la angustia generada por la pandemia, que lleva a la economía psíquica adherirse a cierta inmediatez que es poca productiva y más bien frustrante. Hay que ignorar las peroratas rimbombantes y engañosas enunciadas por políticos o cualquier vociferador de moral pigmea. Necesitamos como diría mi maestra Nury Gutiérrez tener los pies de plomo, algo así como reconocer una realidad dura y desafiante que necesita humanidad, y más deliberación publica, y sobre todo ética.

La dolorosa realidad del 2020 no desaparecerá por arte de magia, tendrá sus tintes de seol inclemente y angustiosa con la continuidad desesperante y naturalizada de contar cada día las luces vitales que se desvanecerán, y que se expresan como un guarismo. Las inequidades e injusticias ponen en vilo las instituciones y la misma democracia; además de medir la capacidad de respuesta no solo en el sentido práctico de la salud pública, sino la madurez de nuestra racionalidad y emocionalidad, dos “activos” claves para enfrentar con valentía las infelicidades de la pandemia, la perentoria vacunación presiona individual y colectivamente las mentes, arropadas en un frenesí que puede llevarnos a una “desmoralización generalizada” y siendo tan sensibles que las reacciones naveguen entre la indignación pesimista e inmóvil y el “exhibicionismo moral”.

Este año exige prudencia, paciencia, cordura y justicia, estas virtudes son necesarias en tiempos turbulentos donde acecha la pobreza, la desigualdad, asomos de autoritarismo y la fragilidad de la cohesión social. La prudencia en su origen latín hace referencia al que ve por adelantado, previsión y moderación, una capacidad racional que Aristóteles describe como “ ser capaz de deliberar y de juzgar de una manera conveniente sobre las cosas que pueden ser buenas y útiles para él, no bajo conceptos particulares…sino las que deben contribuir en general a su virtud y a su felicidad”; la paciencia está relacionada etimológicamente con el sufrimiento, pero va más allá de una perspectiva victimizante, sino ponderado en el manejo de las emociones y la capacidad para sobreponerse a las embestidas de la adversidad; frente a la justicia Adela Cortina la considera una virtud suprema y con un fuerte sentido de exigencia, dada la necesidad  evaluativa de la legitimidad de las instituciones para la consecución de los proyectos de vida de cada persona; y por último la cordura que viene del latín cor, cordis (corazón) y el sufijo ura que indica actividad, y según la filosofa española se enquista como un injerto en el corazón de la justicia y la prudencia, y permite actuar con sensatez y buen juicio.

Es importante que actuemos como ciudadanos y sociedad con prudencia, paciencia y cordura, y que a pesar de las dificultades profundicemos la deliberación pública a través de la critica racional y razonable, dialogante como ese acto comunicativo que fortalezca nuestro carácter teniendo como base unos mínimos, esto es una ética que posibilite acuerdos  no solo para enfrentar los efectos de la pandemia, sino para dar pasos que nutran la urdimbre social; es convertir la crisis en una oportunidad para caminar hacia una mayoría de edad no como una quimera, sino como una utopía realizable, y con un valor “educativo” en el plano individual y colectivo, porque el aprendizaje aunque doloroso, nos humaniza.

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