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Reducir una Nación a cenizas
Estos son los elementos necesarios para acabar con un país próspero y lleno de recursos.
Sábado, 22 de Abril de 2017

Fraude electoral, represión, cierre de canales de libertad de expresión, expropiación, deuda pública cósmica, violación de la Constitución, desconocimiento del andamiaje institucional, cacería de opositores, encarcelamiento de la opinión, inflación, omisión de libertad, hambre, miseria, incapacidad de abastecimiento, crisis energética, carencia de productos farmacéuticos, nula atención médica, desnutrición, mortalidad infantil, violación de derechos humanos, excesivo uso de fuerzas militares, falta de intención de diálogo, dificultad para hacer alianzas comerciales, coacción, concentración unilateral del poder, búsqueda del poder absoluto.

Estos son los elementos necesarios para acabar con un país próspero y lleno de recursos (naturales, humanos, económicos, etc.). Más veinte muertos y una fuerte inclinación paramilitar.

No puede faltar un ejército de funcionarios incompetentes y creyentes en fantasmas y voces del más allá (de dudosa procedencia).

Venezuela se convirtió en cenizas. Toda la productividad, el bienestar económico, el orgullo petrolero, la fortaleza del trabajo y el auge de una sociedad latinoamericana, quedaron en el pasado.

Todas las señales del éxito quedaron enterradas bajo un proyecto revolucionario que prometió mucho y se desgastó demasiado intentando cumplir propósitos surrealistas.

El Proyecto Bolivariano no generó ningún auge o progreso para la población, por el contrario, calcinó todo y llenó de humo todas las habitaciones. Sembró pánico, ira e impotencia, y las consecuencias no se hicieron esperar.

La gran mayoría de los ciudadanos venezolanos se cansaron de esperar por un cambio, y salieron a las calles para hacer ellos mismos el milagro de restituir lo que ha sido dañado.

La oposición sólo pide cuatro cosas, imposibles desde el punto de vista de un dictador con un amor esquizofrénico hacia un exdirigente muerto: Elecciones libres y transparentes; libertad para los presos políticos; creación de un corredor humanitario que permita mitigar los efectos del desabastecimiento (alimenticio y farmacéutico); y el reconocimiento pleno de la Asamblea Nacional.

No hay ningún golpe de Estado, mucho menos focos terroristas. Sólo hay gente cansada de aguantar hambre.

No obstante, en la lucha por la libertad hay obstáculos que deben superarse en pro de la victoria de la democracia.

Uno de ellos tiene que ver con la división de la oposición: Hay antichavistas (incluyendo a Maduro), y antimaduristas, quienes son feligreses de Chávez pero consideran ilegítimo el gobierno del actual presidente.

Esto hace, y ha hecho que en muchas ocasiones los esfuerzos de la oposición por sacar los rojos del poder sean en vano, ya que la sociedad puede querer sacar a algunos y dejar a otros.

Y en términos de votos esto se traduce en indecisión y fracaso.

Puede que esté pecando por excesivo pragmatismo, pero la solución para el vecino país reside en transformar completamente sus estructuras de poder. La filosofía política y las corrientes dogmáticas de las que se siguen los gobernantes de Venezuela deben vaciarse y llenarse desde cero. Sin rastro o huellas del chavismo, socialismo ni nada propio de un gobierno rentista, nada que pueda hacer que el país continúe con dichas lógicas que han sido nefastas, no sólo para las finanzas del Estado, sino para la economía y producción de empresas privadas y, para la calidad de vida de la población. La política deberá reiniciarse para lograr recuperar a Venezuela.

De alguna forma, la ciudadanía en Venezuela debe entender que el camino hacia una Nación próspera no está en el paternalismo del gobierno, los subsidios transversales y prácticamente globales, y que la libertad de mercado debe primar. De lo contrario, en otro evento electoral podría ganar otro individuo que prometa mantener vivo el ‘legado’ de Chávez y seguir interpretando lo que el fallecido le dice a través de criaturas mágicas y sueños alucinógenos.

Otro problema, aún más grande, es que no quedan muchas opciones en caso de unas elecciones presidenciales. Con la oposición arrinconada –Capriles inhabilitado por 15 años, Leopoldo y Ledesma presos. María Corina inhabilitada–, ¿quién tendrá la fuerza y apoyo popular similar a la de alguno de los arrumbados? Porque es más que evidente que no es lo mismo una oposición victoriosa en manos de un líder débil o de medianas posturas, que en las de un opositor fuerte y decidido a eliminar los errores de Maduro.

Lo importante es que entre las cenizas hay una muy pequeña flama, un diminuto trozo de papel todavía caliente, que puede volver a prenderlo todo. El fuego venezolano vive y parece que ahora sí está dispuesto a arder y extenderse para restituir una Nación libre y orgullosa. La lucha debe continuar. Esto no es una invitación a la violencia o a una guerra civil, sino a la resistencia de un pueblo, cansado del acoso y listo para presionar la salida de un tirano.

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